La incidencia de muerte súbita es mayor entre las personas que practican actividad deportiva intensa.
Muerte súbita por arritmia cardiaca
Una de cada 1.000 muertes súbitas ocurre en personas menores de 35 años que practican deporte
La muerte súbita puede estar provocada por distintas causas. De todos los afectados, solo una de cada 1.000 muertes súbitas ocurre en personas menores de 35 años que practican deporte. Esto no significa que el deporte sea el culpable directo: en más del 90% de los casos la causa del fallecimiento es un trastorno del ritmo cardiaco, como la fibrilación ventricular.
Según información de la Fundación Española del Corazón, la fibrilación ventricular es muy rara en corazones sanos. En personas mayores de 35 años, se asocia a infarto agudo de miocardio, mientras que en las más jóvenes a enfermedades cardiacas, tanto las que afectan al músculo cardiaco (como la miocardiopatía hipertrófica) como a la actividad eléctrica del corazón (como el síndrome de Brugada o el síndrome de QT largo).
Prevenir la muerte súbita
Para prevenir la muerte súbita en deportistas es imprescindible que cualquiera, antes de ponerse a hacer deporte, pase por un examen médico. Da lo mismo si no se ha practicado nunca deporte o si es deportista y, después de un periodo de inactividad, vuelve a ello. Es importante realizar un reconocimiento cardiológico y una evaluación del estado físico. Los cardiólogos deportivos recomiendan chequeos de salud a quienes practican deporte, aunque no hayan manifestado síntomas ni tengan antecedentes familiares de patología cardiovascular, en los que se incluyan electrocardiograma y una prueba de esfuerzo cada año y una ecografía cardiaca cada dos años.
Además, ante sensación de mareo, palpitaciones, dolor en el tórax durante el entrenamiento, siempre hay que consultar con el médico, porque podría ser indicio de alguna alteración cardiológica. En situaciones de excesivo esfuerzo físico, pueden manifestarse síntomas de anomalías cardiacas desconocidas hasta ese momento y producir una muerte súbita. No hay que olvidar que a partir de los 35 años, el infarto es la primera causa de muerte súbita.
Además de la prevención previa a la actividad física y durante su ejecución, hay otro aspecto fundamental: concienciar a la población de que, ante una muerte súbita, los primeros auxilios y los desfibriladores semiautomáticos (DEA o DESA) pueden establecer la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. De hecho, el único tratamiento eficaz contra la muerte súbita es la combinación de desfibrilación prematura y maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), cuya eficacia oscila entre el 49% y 75% de los casos. A pesar de que en los últimos cinco años se ha incrementado su número en los lugares públicos con más afluencia, los expertos insisten en que todavía son pocos.
Primeros auxilios ante la pérdida de consciencia
Pero si al valorar la respiración no se observa que movilice el tórax, no se oyen ruidos respiratorios ni se nota el aliento, hay que empezar la reanimación cardiopulmonar (RCP): 30 compresiones torácicas combinándolas con dos insuflaciones de aire de un segundo de duración, a un ritmo de 100 por minuto. Si el suceso ocurre en un lugar público, hay que valorar la posibilidad de que una tercera persona localice un desfibrilador semiautomático.
El corazón de una persona puede dejar de latir de manera inesperada en cualquier situación y contexto: en casa, en el trabajo, en el centro deportivo o en la calle, entre otros. Cuando esto ocurre, el tiempo es oro, ya que cada minuto que pasa sin que nadie haga nada puede tener consecuencias fatales.

